Siguiendo
con la indagación sobre las prácticas docentes y el uso de TICs, encontré el
siguiente artículo que les quiero presentar en esta ocasión: “Utilización de las TIC en el
proceso de enseñanza aprendizaje, valorando la incidencia real de las
tecnologías en la práctica docente”, cuyo autor José Manuel Sáez López (2010).
Entre sus distintos objetivos, el estudio busca explorar las actitudes que
tienen los maestros respecto a las TICs, pues “las creencias y actitudes de los
profesores acerca de cómo aprenden los alumnos, lo que les hace saber qué
formas de enseñar son las mejores, y los propósitos de la escolarización. A
pesar de las limitaciones del contexto, los docentes actúan de forma
independiente dentro de sus aulas”. Esto es importante, ya que a pesar de las
prescripciones curriculares, la fuerza de la autonomía del profesor nos lleva a
situaciones donde éste puede desechar las ventajas de actividades con TIC, o
considerar que el esfuerzo de trabajo y tiempo que supone no vale la pena.
Distintos
han sido los argumentos para la resistencia a la tecnología por parte de los
profesores: inmadurez de la tecnología, la ausencia de esfuerzos concertados,
la incapacidad cognitiva y actitudinal de los profesores mayores, la ausencia
de equipamientos y materiales adecuados, el antagonismo entre los modelos de
aprendizaje existentes en la escuela y los nuevos centrados en el aprendizaje,
etc., pero aún no existen estudios concluyentes en este sentido.
El estudio
se basa en un cuestionario presentado a 32 profesores, de todas las
asignaturas, de educación infantil y primaria en España el año 2010. Se
reconocen 7 dimensiones dentro del instrumento, cuyos resultados serán
analizados en el siguiente post. Surge, entonces la pregunta, ¿Cuáles son los
argumentos que impiden el avance de la tecnología en el aula por parte del
profesorado? ¿Hemos indagado, de forma suficiente y profunda, en las razones que están detrás de este rechazo?

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